Elementos filtrados por fecha: Domingo, 07 Octubre 2018
Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano | El 7 de octubre, XXVII domingo del tiempo ordinario, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus junto a miles de fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.
 
Comentando la lectura del Evangelio (cf. Mc 10,2-16), que relata cómo Jesús responde con sabiduría y autoridad a los fariseos ante sus provocativas cuestiones sobre el matrimonio, interrogándolo sobre si es lícito que un marido repudie a su mujer, como lo dispone la ley de Moisés (cf. vv. 2-4).
 
No dividir lo que Dios ha unido

En este contexto, el Santo Padre explica que Jesús, en primer lugar, "redimensiona la ley mosaica", afirmando que el antiguo legislador "escribió para ustedes esta norma a causa de la dureza de su corazón". En otras palabras, es una concesión que sirve para tapar las lagunas producidas por nuestro egoísmo, pero no corresponde a la intención original del Creador.
 
Por ello, Jesús retoma el libro del Génesis: "Desde el principio de la creación, Dios, los hizo varón y mujer; por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne" (vv. 6-7). Y concluye: "Por tanto, el hombre no debe dividir lo que Dios ha unido" (v. 9).
 

Jesús defiende la dignidad del matrimonio
"En el proyecto original del Creador, no existe el hombre que se casa con una mujer y, si las cosas no van bien, la repudia. ¡No! En cambio, si hay un hombre y una mujer llamados a reconocerse, a completarse, a ayudarse mutuamente en el matrimonio", argumento Francisco haciendo hincapié en que esta enseñanza de Jesús es muy clara y defiende la dignidad del matrimonio, como una unión de amor que implica fidelidad.

"Lo que permite a los esposos permanecer unidos en el matrimonio es un amor de donación recíproca sostenido por la gracia de Cristo. Si por el contrario prevalece en los cónyuges el interés individual, su propia satisfacción, entonces su unión no podrá resistir".
 
La belleza de las relaciones humanas
Asimismo, el Papa señala que Jesús no admite el repudio ni todo lo que puede llevar al naufragio de la relación. "Lo hace para confirmar el plan de Dios, en el que destaca la fuerza y la belleza de las relaciones humanas", subraya el Pontífice destacando que la Iglesia, madre y maestra que comparte las alegrías y los esfuerzos de las personas, por un lado, "no se cansa de confirmar la belleza de la familia tal como nos ha sido transmitida por la Escritura y la Tradición; a la vez que se esfuerza por hacer sentir su cercanía materna de manera concreta a quienes viven la experiencia de relaciones rotas o llevadas a cabo de una manera dolorosa y cansada".
 
La Iglesia redirige hacia Dios los corazones heridos
"La manera en que Dios mismo actúa con su pueblo infiel -es decir, con nosotros - nos enseña que el amor herido puede ser sanado por Dios a través de la misericordia y el perdón", añade el Obispo de Roma asegurando que ante tantos fracasos matrimoniales dolorosos, la Iglesia está llamada a vivir su presencia de caridad y misericordia, para redirigir hacia Dios los corazones heridos y perdidos.
 
"Invoquemos a la Virgen María, para que ayude a los esposos a vivir y renovar siempre su unión a partir del don original de Dios", concluyó el Pontífice.
Publicado en Iglesia
Domingo, 07 Octubre 2018 10:21

Gente tóxica

Hace unos años en una librería salmantina, me topé con este título sugerente: Gente tóxica. El título lo decía todo. Y sin perder tiempo me puse a leerlo. La obra pertenecía al sicólogo argentino Bernardo Stamateas.

Y al hablar sobre ‘gente tóxica’ se refería a esas personas con la que nos topamos todos los días y no sabemos cómo describirlas o calificarlas. El término ‘tóxico/a’ fue usado en la década de 1980 y estaba referido a las relaciones humanas o relaciones interpersonales. Hablaba de personas tóxicas, costumbres tóxicas, líderes tóxicos, incluso organizaciones tóxicas.

Los ‘tóxicos’ de todos los días
Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos topado con personas problemáticas, negativas e hirientes; gente tóxica: amigos, familiares, compañeros de trabajo, incluso, líderes. Este ingente número de ‘tóxicos’, crean en nosotros una sensación de malestar y provocan, casi inmediatamente, el deseo de alejarnos de ellos. Los rechazamos casi por inercia. Rápidamente queremos abandonar el espacio común que compartimos y, en algunos casos, inventarnos maneras para salir fuera y tomar oxígeno puro y limpio. 

¿Por qué lo tóxico repele?
La respuesta es sencilla: porque nos hacen daño. Crean en nosotros una sensación de malestar y de negatividad que trastocan nuestra paz interior. Stamateas manifiesta que los tóxicos están en nuestro entorno inmediato. Y están por montones: “En nuestra vida nos hemos encontrado con algún manipulador, alguien que ha querido hacerte la vida imposible, un amigo envidioso, un vecino chismoso”.

El dolor y la decepción son emociones que se crean como resultado de un encuentro con un ‘toxico’. Es decir, no es que seamos vulnerables a ellos, sino que no sabemos cómo hacerles frente. Nos pueden hacer daño si se lo permitimos. Está en nosotros permitirlo o, simplemente, ponerlos en su sitio. María Eugenia Polo, catedrática de la Universidad Pontificia de Salamanca, manifiesta: “Nadie puede hacerte daño si tú no lo permites”. Tiene razón. Tenemos que estar preparados para enfrentarnos con los ‘tóxicos’ de todos los días. Y eso depende de nosotros. Es nuestro trabajo.  

La clave: saber elegir
El argentino en su libro nos dice que no sabemos elegir a las personas que queremos que formen parte de nuestra vida. La clave está en la elección. Nosotros debemos decidir a quién ponemos en nuestro entorno, a quiénes queremos que formen parte de nuestra vida. “Muchas veces dejamos entrar a nuestra vida: chismosos, envidiosos, autoritarios, psicópatas, orgullosos, mediocres; es decir gente tóxica”, manifiesta con contundencia.

Por ello, debemos decidir bien. Elegir gente correcta que sea afín a nuestra personalidad, que comparta nuestros valores y tenga metas y objetivos parecidos. Se trata pues de incorporar gente positiva en nuestra vida. Personas valiosas que nos aporten ideas, que nos hagan disfrutar de su compañía. Una amiga mía solía decirme que “no hay nada mejor en el mundo que una buena compañía, un tema apasionante de conversación, una dosis de positivismo y mucha utopía para ser felices todos los días”. Sin duda, esto implica desechar de entrada a todos los ‘tóxicos’. Y tiene mucha razón.
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Domingo, 07 Octubre 2018 10:17

Kuntur Phaway: El vuelo del cóndor

El cóndor en la mentalidad andina es un ave mítica, símbolo de la inteligencia, la fuerza y el poder. No en vano tiene como señorío los Andes de Sudamérica. Los incas pensaban que el cóndor era inmortal. La asombrosa inteligencia de esta ave les indicaba que se había hecho vieja y que era el momento de volver a empezar, de renacer desde las montañas, para empezar la vida otra vez.

El cóndor es el señor indiscutible de los cielos andinos. Su majestuosidad al volar, suave, reposado y, a veces, enérgico y veloz, cautiva y nos transporta hasta la eternidad. “El cóndor es un ave que transmite tranquilidad y belleza. Un dominio excepcional de los cielos. Eso es lo queremos transmitir en nuestro baile”, nos dice Christian Anthony, un adolescente entrador y espabilado, director de la Escuela de danzas que encumbra al cóndor como marca de su escuela. Ella se llama Kuntur Phaway, que, en el lenguaje de los antiguos peruanos, significa, “el vuelo del cóndor”.

El vuelo del cóndor es “arte, magia, energía, pasión y calma, a su vez”, nos responde Julio César, el coordinador de la Escuela. Además, nos dice: “no se trata de cualquier escuela. Esta es una escuela que lleva la marca agustiniana”, lo repite muy orgulloso.

Es verdad, esta escuela ha surgido del entusiasmo y del ímpetu de los jóvenes de JAR de Chota. Este movimiento es líder en Chota. La escuela de baile recoge el talento de los jóvenes chotanos, que siempre están dispuestos a ir más allá. Es así como se les ocurrió crear una escuela de danzas que reúna todos los ritmos.

“Yo admiro a estos jareños de Chota. Nunca están quietos, jamás se conforman con poco. Son exigentes. Y eso me gusta. Cuando surgió la idea de crear una escuela de danzas, que vaya más allá de las JAR, me encantó. Porque la escuela de danzas no solo es para JAR, sino para todos los jóvenes de la ciudad. Vienen a ella de la universidad, de los colegios y de otros grupos, niños, adolescentes y jóvenes. Es una ventana para formar líderes y para potenciar el talento de los chicos, lejos de los vicios y la mediocridad”, dice el asesor de JAR de Chota, fray Nicolás Vigo.

Los chicos se reúnen todos los sábados y domingos, al terminar la tarde, en el coliseo de los Agustinos Recoletos. Allí han encontrado un lugar privilegiado. En ese espacio, los jóvenes ensayan con mucha exigencia, ritmos que van desde las tobas, los caporales, hasta las danzas modernas.

Una de esas tardes me asomé por el coliseo y vi a una treintena de chicos ensimismados en la música. Era un mosaico de fuerza, ritmo y color. “¡Con más ganas! ¡Con más ritmo! ¡Vamos, chicos! ¡Una vez más!”, repetía convencido Cristhian, su exigente director y profesor de baile.

Kuntur Phaway apenas tiene meses de formada; no obstante, ya suena en la ciudad. Ya ha hecho presentaciones importantes. Uno de los temas que me intriga es saber cómo se financian, porque las vestimentas para las danzas que presentan son caras. Sobre ello, Celis, otro de los integrantes, dice muy seguro: “Nos autofinanciamos, con el esfuerzo de todos los de la escuela. Para ello hacemos actividades para conseguir dinero. Vendemos comida o lo que haga falta. Gracias a ello, podemos obtener las vestimentas para nuestras presentaciones”.  Hay que decir, que cada danza necesita un traje. Y teniendo en cuenta el número de bailarines, significa mucho dinero; sin embargo, eso a los chicos no parece que les preocupa.

Una de esas noches, me topé con la presentación oficial de los chicos Kuntur Phaway. Me quedé maravillado. Los jareños ponen energía y pasión en su baile. Giran como si estuvieran dentro de una espiral aérea. Sus cuerpos dibujan siluetas de colores en el escenario. Van rápidos y lentos. Suben, se remontan en el aire y bajan, solemne y pausadamente, como si se tratara de un cóndor majestuoso, real.

Auguro mucho futuro a esta escuela de danzas chotana, no sólo por el talento de los chicos, sino por su espíritu de unidad. Más que una escuela, parecen un grupo de amigos: cercanos, sinceros, comprometidos y acogedores. Sin duda, en su escuela se respira el espíritu agustiniano. Y, además, me lo recuerda Aracely, otra bailarina, con los ojos abiertos y llenos de satisfacción: “Tenemos a Nuestra Señora, Madre de la Consolación, como protectora”. Frente a ello, sonrío. Y me digo para mí: “Qué chicos tan maravillosos. Realmente esta escuela tiene alma”.
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